En tiempos de porcina y sin exámenes de por medio, continuamos dándole manija a los TP´s, como para que la materia concluya habiendo aclarado todas las dudas.
Nuestra primera parada es la del trabajito corto, de laboratorio de computación, en la que había que recortar y alargar textos. Las dudas estallaron cuando tuvieron que “semidescuartizar” el relato sobre Cuba, para dejarlo en muchos menos caracteres que los planteados originalmente por el autor.
Valga aclarar que en las redacciones esta situación (la de recortar) se da con frecuencia:
- Cuando el colaborador se toma la licencia de escribir de más porque “todo es reee importante”. Pone a prueba nuestra paciencia y juega con la posibilidad de darle más páginas a su nota.
- Cuando llega la bendita publicidad y caemos rendidos a sus pies (por presión de los comerciales, nada más). Y a recortar se ha dicho.
- Cuando al texto le sobra material, pero tiene valor publicable.
- Cuando la fotografía le gana a la letra escrita, y el diseñador triunfa en la batalla de impactar con la imagen.
En conclusión, no crean que hemos planteado una situación ficitica sólo para afilar sus tijeras. “¡Se esfuma el estilo del escritor!”, “¡no puedo recortar más!”. Es verdad. La tarea de achicar un texto es un desafío inmenso: el colaborador tiene una visión parcial (la de su nota), el editor, una más general (la de toda la publicación). De ahí que a veces nos veremos forzados a priorizar el conjunto más allá de la nota en sí misma.
Sin embargo, al editar un texto, deberemos respetar algunas reglas de oro:
- No somos autores.
- Resguardemos el estilo que caracteriza al escritor.
- Hagámosle saber al colaborador que la nota ha sido modificada, pues, en definitiva, es él quien firma el artículo.
La segunda parada es en “la calle” de los trabajos editados y diseñados. Pero eso es motivo de otra entrada en el blog. Mañana continuamos. Saludos.
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